INTRODUCCIÓN
La apnea obstructiva del sueño (AOS) pediátrica es un trastorno respiratorio del sueño con consecuencias metabólicas, cardiovasculares y neurocognitivas, caracterizado por interrupciones episódicas del patrón de sueño debidas a la obstrucción parcial o completa de la vía aérea superior (1).
A diferencia de la AOS en adultos, su etiología en niños se asocia principalmente a factores anatómicos y funcionales —como la hipertrofia adenoamigdalar, la hipoplasia maxilar transversal, la respiración oral y la hipotonía muscular— aunque la obesidad y trastornos neuromusculares también pueden contribuir a su desarrollo (1).
La prevalencia de AOS infantil oscila entre 1% y 5,7% en la población general (2), alcanzando su máximo entre los 3 y 8 años, coincidiendo con el desarrollo craneofacial activo y la máxima incidencia de hipertrofia adenoamigdalar.
El tratamiento de la AOS pediátrica incluye opciones como la adenoamigdalectomía, los dispositivos de avance mandibular, la terapia miofuncional orofacial, la presión positiva continua (CPAP), el manejo farmacológico antiinflamatorio y el control del peso (3). En el contexto de la ortodoncia interceptiva, estudios recientes han evidenciado que la expansión rápida del maxilar (ERM) puede reducir el índice de apnea-hipopnea (IAH) y mejorar los parámetros respiratorios en pacientes pediátricos con AOS y deficiencia maxilar, actuando sobre los componentes anatómicos implicados en el colapso faríngeo (2,4).
La ERM se realiza mediante un disyuntor palatino activado progresivamente para separar la sutura palatina media y ensanchar el maxilar superior. Este procedimiento amplía la cavidad nasal, reduce la resistencia al flujo aéreo y favorece la respiración nasal (1), siendo una alternativa terapéutica eficaz en niños con AOS asociada a hipoplasia transversal maxilar.
La literatura actual respalda que la ERM puede constituir una herramienta terapéutica complementaria dentro del manejo multidisciplinario de la AOS infantil, que requiere la colaboración coordinada entre pediatras, otorrinolaringólogos y ortodoncistas (3,4). Sin embargo, la evidencia científica aún es limitada, debido a la escasez de ensayos clínicos controlados y criterios metodológicos heterogéneos.
El propósito de la presente revisión es analizar la evidencia científica disponible sobre el efecto de la ERM en niños con síndrome de apnea obstructiva del sueño, con el fin de determinar si esta intervención mejora los parámetros respiratorios y la calidad del sueño en comparación con otras alternativas terapéuticas o con la ausencia de tratamiento.
METODOLOGÍA
Se realiza una búsqueda de artículos disponibles en las plataformas PubMed, Scopus y Google Scholar, publicados entre los años 2016 y 2025, de los cuales se seleccionaron 16 documentos.
Criterios de inclusión: artículos científicos disponibles en texto completo, en idioma inglés, publicados en los últimos 10 años. Se incluyeron estudios en humanos menores de 18 años tratados con expansión rápida del maxilar, que reportaran cambios en IAH, SpO₂ o LSAT antes y después del tratamiento, considerando ensayos clínicos aleatorizados, estudios controlados, revisiones sistemáticas y metaanálisis.
Criterios de exclusión: se excluyeron los artículos que carecían de respaldo científico, presentaban metodología insuficiente o poco detallada, o no guardaban relación directa con la etiología ni el tratamiento de la AOS en población pediátrica. Del mismo modo, se descartaron los estudios realizados exclusivamente en sujetos adultos y aquellos en que se trabajó con expansión lenta del maxilar.
RESULTADOS / DESARROLLO
Los estudios seleccionados que cumplieron con los criterios de inclusión corresponden a ensayos clínicos aleatorizados, metaanálisis, revisiones sistemáticas y narrativas, además de estudios clínicos controlados y longitudinales en población pediátrica con AOS y deficiencia transversal maxilar. Estos estudios evaluaron la ERM frente a adenoamigdalectomía (AT), otras terapias (antiinflamatorios, dispositivos funcionales) u observación/sin tratamiento, con desenlaces centrados en IAH, oxigenación (SpO₂/LSAT), síntomas, calidad de vida y cambios anatómicos, representados en la Tabla 1.
Los resultados coinciden en que la ERM produce cambios significativos tanto en la morfología del complejo nasomaxilar como en los parámetros respiratorios de los niños diagnosticados con AOS. En la mayoría de los trabajos analizados se reportó una disminución clínicamente relevante del IAH en niños con AOS leve a moderada y constricción maxilar, con descensos promedio del 60–75% en series con seguimiento ≤3 años y mantenimiento de los resultados en seguimientos superiores a 3 años (2), junto con mejoras significativas en la saturación de oxígeno (SpO₂) y en el nivel mínimo de saturación (LSAT), con incrementos promedio desde aproximadamente 87% hasta 96% (5).
En población infantil con déficit maxilar evidente, la resolución clínica fue más frecuente cuando el tratamiento se realizó en etapa prepuberal (6–12 años), momento en que la sutura palatina media conserva alta capacidad de respuesta. Los estudios que incluyeron análisis volumétrico mediante CBCT demostraron un aumento promedio de 2,4 cm³ en el volumen nasal y de 0,8–1,0 cm³ en el volumen nasofaríngeo, junto con una expansión transversal del maxilar de 3 a 5 mm (6), correlacionándose directamente con la reducción del IAH. Asimismo, se registró una mejoría subjetiva en la calidad del sueño y en el rendimiento diurno según cuestionarios validados (OSA-18 y PSQ).
En comparación con otras intervenciones, un ensayo clínico aleatorizado (7) comparó ERM versus AT y mostró que ambas intervenciones reducen significativamente el IAH, sin diferencias en parámetros polisomnográficos, aunque la ERM proporcionó una mejoría significativamente mayor en los síntomas clínicos y la calidad del sueño. Revisiones sistemáticas que incluyen ERM, avance mandibular y terapia miofuncional confirman efectos favorables globales en IAH y SpO₂, pero el nivel de evidencia de los estudios primarios es bajo–muy bajo (3,4).
Al comparar con pacientes sin tratamiento, los niños no tratados mostraron reducciones parciales y espontáneas del IAH (hasta un 40–50%), probablemente asociadas al crecimiento craneofacial, pero con alta variabilidad interindividual. Aunque la ERM acelera y consolida dichas mejoras, una proporción de niños puede mejorar clínicamente con observación sola, sobre todo en casos leves o en etapas prepuberales (8).
Tabla 1. Resumen de estudios incluidos en la revisión

DISCUSIÓN
Desde una perspectiva clínica, la ERM ofrece ventajas relevantes frente a otras alternativas: es no invasiva, reversible y bien tolerada por el paciente pediátrico (1).
De acuerdo con las revisiones más recientes (11) y los análisis con CBCT (6,13), ambos coinciden en que la ERM debería considerarse parte de un manejo interdisciplinario, integrando la ortodoncia, la otorrinolaringología y la medicina del sueño.
En niños con adenoamigdalectomía previa y persistencia de síntomas, la ERM representa una alternativa eficaz y no invasiva (14). En casos leves, puede incluso prevenir la progresión hacia estadios más severos de AOS.
Desde el punto de vista ortodóncico, la ERM actúa a nivel fisiológico mediante la apertura de la sutura palatina media, lo que amplía el maxilar y aumenta el volumen nasal y nasofaríngeo, disminuyendo la resistencia respiratoria y del flujo aéreo. Este efecto anatómico, además de mejorar la función respiratoria, contribuye al equilibrio facial y al desarrollo transversal del maxilar, con beneficios funcionales y estéticos en niños con AOS y constricción transversal del maxilar (1).
En un estudio con más de 300 casos pediátricos (10) se confirmó una reducción promedio del IAH superior al 60% tras la expansión, efecto que se mantuvo en los seguimientos a largo plazo. Estos resultados refuerzan la hipótesis de que la corrección de la deficiencia transversal maxilar no solo modifica la estructura ósea, sino que también optimiza el flujo aéreo nasofaríngeo y el posicionamiento lingual durante el sueño.
Un ensayo clínico aleatorizado (7) comparó directamente la ERM con la adenoamigdalectomía en niños con AOS y deficiencia maxilar transversal. Ambos tratamientos redujeron de forma significativa el IAH a los seis meses; sin embargo, el grupo tratado con ERM mostró mejores puntuaciones en los cuestionarios de calidad del sueño OSA-18 y PSQ, lo que sugiere una mayor percepción subjetiva de mejoría respiratoria y funcional.
En contraste, los trabajos que comparan la ERM con conducta expectante (8) muestran que algunos niños pueden experimentar una remisión espontánea parcial de la AOS a medida que maduran las estructuras craneofaciales. Sin embargo, esta mejoría espontánea no es predecible ni garantiza la normalización de los patrones respiratorios.
Por otro lado, la literatura evidencia heterogeneidad metodológica, diferencias en los criterios de selección, uso de diferentes protocolos de expansión (Hyrax, Haas, disyuntores acrílicos) y variaciones en la edad y severidad de los pacientes (9,14). Además, pocos estudios incluyen controles a largo plazo o comparaciones con grupos no tratados.
CONCLUSIONES
En niños con AOS, la ERM mejora los parámetros respiratorios (↓IAH, ↑LSAT/SpO₂) y alivia síntomas en comparación con pacientes sin tratamiento. La magnitud del beneficio es mayor cuando existe deficiencia transversal maxilar y el tratamiento se realiza en edad prepuberal. La resolución completa de AOS es poco frecuente con cualquier opción y la certeza global para la ERM es baja–moderada, por lo que su uso debe integrarse en equipos multidisciplinarios y combinarse según fenotipo y etiología, ya que la respuesta puede ser heterogénea.
La opción terapéutica debe individualizarse: debe centrarse en la adenoamigdalectomía cuando la causa es principalmente hipertrofia adenoamigdalar, mientras que cuando constituye un problema esquelético de constricción maxilar debe realizarse ERM. En pacientes con etiología mixta, debería considerarse beneficioso realizar ambos tratamientos en conjunto.
Se concluye que se necesitan ensayos clínicos aleatorizados adicionales, con muestras mayores y seguimiento prolongado, para clarificar la durabilidad de los efectos y definir con precisión los criterios de selección de pacientes.
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