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Revisión de la Literatura

Planos de referencia para el posicionamiento del maxilar superior en Cirugía Ortognática

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  1. Residente de la Especialidad de Ortodoncia de la Universidad de Cuenca-Ecuador
  2. Director Especialidad de Ortodoncia de la Universidad de Cuenca-Ecuador
Recibido: 24/03/2026 Aceptado: 17/04/2026 Publicado: 27/07/2026

Tiempo estimado de lectura: 19 min (2.910 palabras)

(Esta estimación no incluye el texto de las tablas, figuras y referencias)

Resumen

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Planos de referencia para el posicionamiento del maxilar superior en Cirugía Ortognática

Objetivo: Analizar los planos y líneas de referencia empleados para el posicionamiento tridimensional del maxilar superior en cirugía ortognática, integrando criterios estéticos y funcionales descritos en la literatura científica.

Materiales y métodos: Se realizó una revisión narrativa con estrategia de búsqueda sistematizada. La búsqueda electrónica se efectuó en PubMed/MEDLINE, Scopus y Web of Science sin restricción inicial de año, incluyendo literatura fundacional desde 1993. Se utilizaron términos MeSH y palabras clave relacionados con cirugía ortognática, posicionamiento maxilar, posición natural de cabeza y análisis de tejidos blandos. Se incluyeron estudios en humanos publicados en inglés o español. La selección se realizó mediante cribado por título y resumen, seguido de lectura completa de los artículos elegibles. La síntesis de la información se organizó cualitativamente según sistemas conceptuales de referencia.

Resultados: La posición natural de cabeza y la línea vertical verdadera fueron los sistemas de orientación más consistentemente reportados. Los análisis basados en tejidos blandos mostraron mayor predictibilidad estética en comparación con evaluaciones exclusivamente esqueléticas. Las referencias externas sagitales y la planificación tridimensional ampliaron los criterios diagnósticos tradicionales.

Conclusiones: El posicionamiento maxilar contemporáneo integra referencias verticales estables, evaluación de tejidos blandos y planificación tridimensional para optimizar la armonía facial y el equilibrio funcional.

Palabras clave: Cirugía ortognática; osteotomía Le Fort I; posicionamiento maxilar; posición natural de la cabeza; análisis de tejidos blandos; planos de referencia; perfil facial.

Reference planes for the positioning of the upper jaw in orthognathic surgery

Objective: To analyze the reference planes and orientation lines used for three-dimensional maxillary positioning in orthognathic surgery, integrating esthetic and functional criteria described in the scientific literature.

Materials and Methods: A narrative review with a systematized search strategy was performed. Electronic searches were conducted in PubMed/MEDLINE, Scopus, and Web of Science without initial time restriction, including foundational studies from 1993 onward. MeSH terms and keywords related to orthognathic surgery, maxillary positioning, natural head position, soft tissue analysis, and reference planes were combined. Studies in humans published in English or Spanish were included. Original research, clinical investigations, validation studies, and methodologically supported reviews were selected after title/abstract screening and full-text evaluation. Data were synthesized qualitatively according to conceptual reference systems.

Results: The natural head position and the true vertical line were the most consistently reported spatial orientation systems. Soft tissue–based analyses demonstrated greater esthetic predictability compared to purely skeletal measurements. External sagittal references and three-dimensional virtual planning further refined diagnostic accuracy.

Conclusions: Contemporary maxillary positioning integrates stable vertical references, soft tissue evaluation, and three-dimensional planning to optimize facial harmony and functional balance.

Keywords: Orthognathic surgery; Le Fort I osteotomy; maxillary positioning; natural head position; soft tissue analysis; reference planes; facial profile.


Introducción

El posicionamiento tridimensional del maxilar superior constituye un determinante clave del resultado estético y funcional en cirugía ortognática. Su ubicación sagital, vertical y transversal influye directamente en el soporte labial, la exposición incisal, la proyección del tercio medio facial y la estabilidad oclusal postoperatoria. Por ello, la planificación ortodóncico-quirúrgica requiere establecer referencias diagnósticas que orienten la meta facial antes de ejecutar el movimiento esquelético.

Aunque tradicionalmente se emplearon referencias cefalométricas craneobasales internas, la evolución del análisis facial ha incorporado sistemas orientados a tejidos blandos y referencias extracraneales con el fin de mejorar la predictibilidad estética. En este contexto, múltiples planos y líneas de referencia han sido propuestos para definir la posición ideal del maxilar superior dentro de un enfoque contemporáneo centrado en la armonía facial(1,2).

El objetivo del presente trabajo fue revisar los principales planos y líneas de referencia utilizados para el posicionamiento tridimensional del maxilar superior en cirugía ortognática, integrando sus fundamentos teóricos y su aplicación clínica.

Materiales y Métodos

Se realizó una revisión narrativa con búsqueda sistematizada en PubMed/MEDLINE, Scopus y Web of Science para identificar evidencia científica sobre planos y líneas de referencia empleados en el posicionamiento tridimensional del maxilar superior en cirugía ortognática. Se utilizaron términos MeSH y palabras clave relacionadas con cirugía ortognática, osteotomía Le Fort I, posicionamiento maxilar, posición natural de cabeza y análisis de tejidos blandos, sin restricción inicial de año (literatura desde 1993). Se incluyeron estudios en humanos publicados en inglés o español. Se seleccionaron estudios originales, investigaciones clínicas, validaciones metodológicas y revisiones que evaluarán referencias diagnósticas sagitales o verticales y su relación con parámetros estéticos y planificación tridimensional. Se excluyeron reportes de caso y estudios centrados exclusivamente en técnica quirúrgica. La síntesis fue cualitativa y estructurada en cuatro ejes: orientación espacial en posición natural de cabeza, análisis cefalométrico de tejidos blandos, referencias sagitales externas e integración tridimensional.

Estado del arte

El posicionamiento tridimensional del maxilar superior constituye uno de los determinantes más críticos del resultado estético y funcional en cirugía ortognática. En la planificación ortodóncico-quirúrgica la armonía facial adquiere mayor relevancia, ya que la posición del maxilar condiciona el soporte labial, la exposición incisal, la proyección del tercio medio facial, la relación nasolabial y el equilibrio del perfil. Por esta razón, la literatura contemporánea ha evolucionado desde análisis cefalométricos estrictamente óseos hacia sistemas diagnósticos centrados en tejidos blandos y referencias extracraneales observables clínicamente.

Orientación espacial basada en posición natural de cabeza y vertical verdadera

El primer cambio conceptual relevante fue la introducción del análisis facial clínico sistematizado por Arnett y Bergman, que estableció las “Llaves Faciales” para orientar el diagnóstico y planificación combinada ortodóncico-quirúrgica, enfatizando la evaluación estética global del perfil facial en posición natural de cabeza (Natural Head Position, NHP) con cóndilos asentados y labios en reposo fisiológico (1,3).

La NHP constituye un marco fisiológico reproducible para situar la cabeza en el espacio, sobre el cual se derivan la horizontal verdadera y la vertical verdadera, referencias externas que permiten generar proyecciones anteroposteriores del maxilar superior independientes de variaciones craneobasales individuales. Esta perspectiva reconoce que dos pacientes con mediciones esqueléticas similares pueden mostrar resultados estéticos distintos condicionados por el comportamiento de los tejidos blandos (4).

Análisis cefalométrico de tejidos blandos

Sobre estos principios Arnett et al. desarrollaron el Soft Tissue Cephalometric Analysis (STCA), un método cefalométrico orientado a traducir objetivos estéticos en criterios cuantificables para planificación quirúrgica. El STCA se basa en telerradiografías laterales obtenidas en NHP, con cóndilos asentados y labios relajados, y en la colocación previa de marcadores cutáneos metálicos en estructuras del tercio medio (reborde orbitario inferior, punto subpupilar, convexidad malar y base alar) para identificar con precisión los contornos blandos faciales. Sobre estas radiografías se traza la True Vertical Line (TVL) que es perpendicular a la horizontal verdadera y pasando por subnasal, que constituye el eje de referencia principal para las mediciones anteroposteriores. El análisis distingue cinco grupos de mediciones: factores dentoesqueléticos, espesores y estructuras de tejidos blandos, longitudes verticales, proyecciones absolutas de puntos blandos y duros a la TVL y valores de armonía facial, que representan distancias horizontales internas independientes de la TVL (Figura 1).

Figura 1. Representación esquemática de la True Vertical Line (TVL) descrita por Arnett, trazada perpendicular a la horizontal verdadera y pasando por el punto subnasal (Sn), utilizada como referencia para evaluar las relaciones anteroposteriores del perfil facial.

Figura 1. Representación esquemática de la True Vertical Line (TVL) descrita por Arnett, trazada perpendicular a la horizontal verdadera y pasando por el punto subnasal (Sn), utilizada como referencia para evaluar las relaciones anteroposteriores del perfil facial.

La integración de estos parámetros permite diagnosticar retrusión o protrusión maxilar, desequilibrios del tercio medio, soporte labial insuficiente y desarmonías labio-mentón. El STCA se complementa con un esquema de Cephalometric Treatment Planning (CTP) que articula el diagnóstico con pasos terapéuticos sistemáticos, donde el posicionamiento vertical y anteroposterior del incisivo superior (determinante en la estética facial) se define con base en la exposición de los incisivos en reposo, el soporte labial y la proyección del tercio medio antes de planificar otros movimientos mandibulares y ajustes del plano oclusal (2) . En contextos de planificación tridimensional moderna, los principios del STCA han sido incorporados en software de simulación ortognática (por ejemplo, NemoFAB), donde la integración de datos DICOM y modelos STL permite alinear digitalmente estructuras blandas y duras según parámetros estéticos derivados del método original(5,6).

Referencias sagitales externas

Sin embargo, aunque la TVL permitió objetivar la posición sagital del maxilar, persistía la necesidad de un punto de referencia externo anatómicamente estable. Andrews propuso utilizar la frente como guía primaria para determinar la posición anteroposterior ideal del incisivo central maxilar y, por extensión, del maxilar superior.

En su estudio de 2008 en mujeres adultas blancas con perfiles armónicos, Andrews demostró que el 93% presentaba el incisivo central maxilar ubicado entre el Forehead Facial Axis (FFA) point y la glabela, estableciendo una relación consistente entre incisivo y frente independientemente de valores cefalométricos internos(7). Este hallazgo reforzó la idea de que la estética facial depende de la relación entre estructuras visibles externas más que de parámetros angulares craneobasales. Metodológicamente, el análisis se realiza sobre fotografía lateral en NHP, identificando glabela, trichion o superion y el FFA point, desde el cual se trazan líneas verticales. La posición sagital del incisivo se determina midiendo la distancia horizontal entre su punto facial (FA) y la vertical del FFA.  Posteriormente, dentro del “Elemento II” de los Seis Elementos de Armonía Orofacial, Andrews formalizó este concepto mediante la Goal Anterior Limit Line (GALL), que define la posición ideal del incisivo según la inclinación frontal. La validación quirúrgica realizada por Resnick et al. (2018) demostró que el análisis de Andrews presenta alta correlación con el posicionamiento sagital maxilar postoperatorio considerado estéticamente aceptable, especialmente en mujeres (8) (Figura 2).

Figura 2. Puntos anatómicos utilizados en el análisis frente–incisivo de Andrews. Se identifican Trichion, FFA y Glabela, así como el punto facial del incisivo superior (FA). La posición sagital del incisivo se determina mediante la distancia horizontal entre el punto FA y la vertical que pasa por el FFA.

Figura 2. Puntos anatómicos utilizados en el análisis frente–incisivo de Andrews. Se identifican Trichion, FFA y Glabela, así como el punto facial del incisivo superior (FA). La posición sagital del incisivo se determina mediante la distancia horizontal entre el punto FA y la vertical que pasa por el FFA.

En esta línea de evolución conceptual, la denominada Línea Barcelona consolidó el uso de referencias verticales externas aplicadas directamente sobre el perfil blando en posición natural de cabeza. A diferencia del STCA, que estructura un sistema cuantificable basado en múltiples mediciones radiográficas, y del análisis de Andrews, centrado en la relación incisivo-frente, la Línea Barcelona propone una referencia clínica sagital que permite valorar de forma directa la proyección del maxilar y del incisivo superior en relación con la convexidad facial global. El principio fundamental de esta línea consiste en utilizar una vertical facial de tejido blando como eje de referencia para evaluar la posición del punto subnasal y del labio superior. En perfiles considerados armónicos, el labio superior suele situarse aproximadamente entre 0 y 2 mm por delante de la vertical facial, mientras que el punto subnasal no debería encontrarse significativamente retruido respecto a la misma(9). Desde esta perspectiva, la convexidad facial (relación glabela–subnasal–pogonion blando) debe mantener una ligera convexidad positiva, evitando tanto el perfil excesivamente plano como la protrusión exagerada del tercio medio. Este enfoque tiene especial utilidad clínica en la detección de retrusión maxilar leve o moderada que puede pasar desapercibida en análisis cefalométricos tradicionales. Asimismo, actúa como herramienta preventiva frente a retracciones ortodóncicas excesivas del incisivo superior, que pueden comprometer el soporte labial y generar aplanamiento del perfil (7,9,10) (Figura 3).

Figura 3. Reconstrucción tridimensional lateral de CBCT que muestra el trazado de la Línea Barcelona como referencia vertical facial para evaluar la proyección sagital del maxilar superior en relación con el perfil de tejido blando.

Figura 3. Reconstrucción tridimensional lateral de CBCT que muestra el trazado de la Línea Barcelona como referencia vertical facial para evaluar la proyección sagital del maxilar superior en relación con el perfil de tejido blando.

Integración tridimensional y respuesta de tejidos blandos

Ayala y Gutiérrez ampliaron el enfoque hacia una planificación basada prioritariamente en tejidos blandos, proponiendo un modelo de planificación inversa en el cual el objetivo estético facial precede a la definición de los movimientos esqueléticos. En contraste con métodos tradicionales centrados en referencias dentoesqueléticas, este sistema considera al labio superior como factor determinante del perfil ideal. La posición final deseada del labio constituye el punto de partida para calcular el reposicionamiento del maxilar superior.

Uno de los aportes más relevantes de este modelo es la formulación de coeficientes orientativos de respuesta de tejidos blandos ante el avance maxilar. Se describe que, por cada milímetro de avance óseo, el labio superior se desplaza aproximadamente 0,8 mm hacia anterior, mientras que el punto subnasal refleja cerca de 0,3 mm del movimiento maxilar. En términos relativos, el avance efectivo del labio con respecto a la base nasal sería cercano a 0,5 mm por cada milímetro de avance esquelético. Desde esta perspectiva clínica, para lograr un determinado incremento en la proyección labial puede requerirse un avance maxilar aproximadamente doble (proporción 2:1), considerando la influencia simultánea del desplazamiento subnasal. El posicionamiento vertical del maxilar se determina también en función de la exposición del incisivo superior en reposo, que idealmente oscila entre 3 y 5 mm, con el objetivo de evitar el aspecto de envejecimiento asociado a la escasa exposición dental. El protocolo también incorpora un componente de estabilidad gnatológica. Tras definir el posicionamiento maxilar, se planifica una ligera inoclusión molar controlada de 1 a 2 mm, permitiendo que, en caso de asentamiento condilar incompleto intraoperatorio, la musculatura facilite la acomodación posterior sin interferencias oclusales, reduciendo el riesgo de recidiva postquirúrgica (11) (Figura 4).

Figura 4. Representación esquemática del desplazamiento del tejido blando del labio superior y punto subnasal  en relación con el avance del maxilar.

Figura 4. Representación esquemática del desplazamiento del tejido blando del labio superior y punto subnasal  en relación con el avance del maxilar.

Finalmente, Raffaini consolidó la integración tridimensional del posicionamiento maxilar dentro de un paradigma de armonía facial global (12). En el enfoque denominado “cirugía orto-facial”, desarrollado junto a Cocconi, la prioridad no se limita al encaje dentario, sino a la relación entre el marco esquelético y la envoltura de tejidos blandos. El maxilar superior se considera el eje estructural de la unidad nariz–labio y del tercio medio facial, por lo que su reposicionamiento vertical y sagital se define en función del soporte labial y del equilibrio estético global. La planificación se realiza en posición natural de cabeza, utilizando referencias clínicas reproducibles. Entre ellas destaca la Espina Nasal Anterior (ENA) como punto anatómico clave para relacionar incisivo superior y base nasal. En perfiles armónicos, los incisivos superiores se proyectan aproximadamente al nivel de la ENA, favoreciendo un soporte labial adecuado y una relación nasolabial equilibrada(13). La exposición incisal en reposo, habitualmente cercana a 4–5 mm en adultos jóvenes, constituye un criterio determinante para el posicionamiento vertical del maxilar (Figura 5).

Figura 5. Línea de Raffaini. Evaluación en posición natural de cabeza donde la Espina Nasal Anterior (ENA) actúa como referencia anatómica para determinar la proyección anteroposterior del incisivo central superior (I.C.S)   y su relación con el soporte labial.

Figura 5. Línea de Raffaini. Evaluación en posición natural de cabeza donde la Espina Nasal Anterior (ENA) actúa como referencia anatómica para determinar la proyección anteroposterior del incisivo central superior (I.C.S)   y su relación con el soporte labial.

Estos enfoques se complementan con planificación tridimensional digital mediante CBCT y escaneos intraorales, que permiten simular movimientos esqueléticos y fabricar guías quirúrgicas con alta precisión. Desde el punto de vista funcional, el reposicionamiento maxilar no solo optimiza la oclusión, sino que puede contribuir a mejorar el soporte de tejidos blandos y, en casos seleccionados, el espacio de la vía aérea superior.

La predictibilidad de estos protocolos ha sido evaluada mediante estudios comparativos. Jacobson y Sarver analizaron 46 pacientes sometidos a osteotomía Le Fort I, utilizando un protocolo prequirúrgico de prescripción milimétrica, cirugía de modelos y férulas quirúrgicas, seguido de evaluación postoperatoria mediante superposición cefalométrica sobre la base craneal (Silla–Nasion). Se midieron discrepancias en Punto A, incisivo superior (U1) y molar superior (U6). El 80% de los casos presentó discrepancias menores a 2 mm y el 43% menores a 1 mm entre la predicción y la posición final, los resultados confirman alta predictibilidad bajo protocolos sistemáticos de planificación y control(14) .

Este recorrido conceptual, la evidencia muestra una transición progresiva desde referencias craneobasales internas hacia modelos centrados en tejidos blandos, referencias externas reproducibles e integración tridimensional, consolidando el posicionamiento maxilar como eje del equilibrio estético-funcional facial.

Discusión 

La presente revisión analiza los principales sistemas de referencia utilizados para el posicionamiento tridimensional del maxilar superior en cirugía ortognática, evidenciando una evolución conceptual clara: desde modelos cefalométricos basados en estructuras craneobasales hacia enfoques centrados en tejidos blandos y referencias extracraneales orientadas a la armonía facial. Este cambio no representa únicamente una modificación técnica, sino una transformación en el paradigma diagnóstico, donde el resultado estético global se convierte en el principal factor dentro de la planificación ortodóncico-quirúrgica (2,3). Uno de los aportes más relevantes del presente trabajo es la sistematización comparativa de cuatro enfoques que históricamente han sido descritos de forma independiente: el análisis cefalométrico de tejidos blandos en posición natural de cabeza, la referencia sagital incisivo-frente, la vertical facial clínica (Línea Barcelona) y la integración tridimensional basada en planificación inversa. La revisión demuestra que estos métodos no son excluyentes, sino complementarios dentro de un marco contemporáneo de planificación.

La introducción de la posición natural de cabeza y la vertical verdadera constituyó el primer paso hacia la reducción de la dependencia de variaciones craneobasales individuales (4). Este enfoque permitió trasladar el diagnóstico desde parámetros internos rígidos hacia referencias fisiológicas reproducibles. Sin embargo, aunque el Soft Tissue Cephalometric Analysis aportó cuantificación objetiva de relaciones blandas y esqueléticas, su aplicación sigue dependiendo de registros radiográficos bidimensionales y de una interpretación técnica que puede limitar su implementación clínica directa (2,4).

En contraste, la propuesta de Andrews introdujo un elemento innovador al utilizar la frente como referencia anatómica externa relativamente estable para definir la posición sagital ideal del incisivo central superior (6,7). El hallazgo de una relación consistente incisivo-frente en perfiles armónicos reforzó la noción de que la estética facial depende más de relaciones visibles externas que de valores angulares internos. La validación clínica posterior del método respalda su aplicabilidad quirúrgica, particularmente en la determinación del límite anterior ideal del maxilar (6,7).

La Línea Barcelona representa un avance adicional al simplificar el análisis sagital mediante una vertical facial blanda aplicada clínicamente. Su fortaleza radica en su accesibilidad y en su utilidad para detectar retrusiones maxilares leves que podrían no evidenciarse en análisis cefalométricos convencionales. Asimismo, actúa como herramienta preventiva frente a retracciones ortodóncicas excesivas que comprometan el soporte labial. No obstante, al tratarse de una referencia clínica simplificada, requiere criterio experto para evitar sobrecorrecciones basadas exclusivamente en apreciación visual (8,11).

Un aspecto novedoso que surge de la integración de estos sistemas es considerar una planificación inversa: definir primero el objetivo estético en tejidos blandos y posteriormente establecer el movimiento esquelético necesario para alcanzarlo. Este modelo, fortalecido por coeficientes orientativos de respuesta labial y subnasal al avance maxilar, aporta una guía clínica pragmática para estimar el impacto estético de la cirugía. Sin embargo, debe reconocerse que la respuesta de tejidos blandos presenta variabilidad interindividual influida por espesor cutáneo, tonicidad muscular y edad, lo que limita la predicción milimétrica exacta (11).

Conclusión

El posicionamiento tridimensional del maxilar superior en cirugía ortognática ha evolucionado hacia un modelo integrador que combina análisis cuantitativos de tejidos blandos, referencias externas perceptivas y planificación tridimensional.

La evidencia científica revisada demuestra que cada sistema diagnóstico aporta un componente específico y complementario dentro de la planificación global. El análisis de tejidos blandos proporciona estructura objetiva; las referencias externas como la relación incisivo-frente y la Línea Barcelona fortalecen la coherencia estética; y la planificación tridimensional garantiza precisión espacial y transferencia quirúrgica.

En consecuencia, el enfoque contemporáneo más consistente no es la adopción exclusiva de una única línea de referencia, sino la integración estratégica de múltiples parámetros diagnósticos bajo un marco de armonía facial individualizada en posición natural de cabeza.

Bibliografía

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