INTRODUCCIÓN
La oclusión dental constituye el resultado de una interacción armónica entre las estructuras dentarias, los maxilares, la musculatura orofacial y la articulación temporomandibular. Desde una perspectiva clínica, la oclusión normal no debe interpretarse únicamente como una relación ideal entre los dientes, sino como un estado de equilibrio funcional, estético y biológico que favorece la estabilidad del sistema estomatognático (1,2).
La clasificación propuesta por Angle continúa siendo uno de los sistemas diagnósticos más utilizados para describir las maloclusiones en sentido anteroposterior. La maloclusión Clase I se caracteriza por una relación molar considerada normal, en la que la cúspide mesiovestibular del primer molar superior ocluye en el surco mesiovestibular del primer molar inferior; sin embargo, esta relación puede coexistir con diversas alteraciones dentarias, transversales, verticales y funcionales que afectan la armonía oclusal y facial (1,3).
La maloclusión Clase I representa una de las alteraciones oclusales de mayor prevalencia en la población general y constituye una de las principales causas de consulta ortodóncica. Entre sus manifestaciones clínicas más frecuentes se encuentran el apiñamiento dentario, los diastemas, las discrepancias de espacio, las rotaciones dentarias, la protrusión dentoalveolar, las mordidas abiertas, las sobremordidas profundas y las mordidas cruzadas (3–5). Estas alteraciones pueden comprometer la función masticatoria, la fonación, la salud periodontal, la estética facial y dental, así como la calidad de vida relacionada con la salud oral.
El diagnóstico de la maloclusión Clase I requiere una evaluación integral que incluya el análisis clínico extraoral e intraoral, la valoración funcional, los estudios radiográficos, el análisis cefalométrico y la evaluación de modelos físicos o digitales. Asimismo, es indispensable identificar los factores etiológicos asociados, ya que la complejidad del tratamiento depende no solamente de la relación molar, sino también de la magnitud y naturaleza de las alteraciones acompañantes (6,7).
En las últimas décadas, los avances en ortodoncia digital, alineadores transparentes, dispositivos de anclaje temporal y métodos diagnósticos tridimensionales han ampliado las posibilidades terapéuticas para el manejo de la maloclusión Clase I, permitiendo tratamientos cada vez más individualizados y predecibles (8–10). No obstante, la selección de la alternativa terapéutica adecuada continúa dependiendo de un diagnóstico preciso y de una planificación basada en las características específicas de cada paciente. A pesar de la elevada frecuencia de la maloclusión Clase I, la evidencia relacionada con su diagnóstico y manejo clínico se encuentra dispersa en múltiples publicaciones, por lo que resulta pertinente integrar la información disponible para facilitar la toma de decisiones clínicas basadas en evidencia.
El objetivo de la presente revisión narrativa es analizar críticamente la evidencia científica reciente relacionada con la epidemiología, etiología, características clínicas, diagnóstico, planificación terapéutica, alternativas de tratamiento y estabilidad postratamiento de la maloclusión Clase I de Angle, con el propósito de proporcionar una visión actualizada de su manejo clínico.
MATERIALES Y MÉTODOS
Se realizó una revisión narrativa de la literatura con estrategia de búsqueda estructurada con el objetivo de analizar el diagnóstico, la planificación terapéutica y el manejo clínico actual de la maloclusión Clase I de Angle. La búsqueda bibliográfica se efectuó entre febrero y marzo de 2026 mediante consulta electrónica en bases de datos científicas y literatura especializada en ortodoncia, incluyendo PubMed, SciELO, Google Scholar y la base documental de la Revista Latinoamericana de Ortodoncia y Odontopediatría (Ortodoncia.ws).
Para la estrategia de búsqueda se utilizaron las palabras clave: “Maloclusión Clase I” , “Ortodoncia” , “Diagnóstico” , “Aparatos ortodóncicos removibles”, “Técnicas de movimiento dentario”, así como sus equivalentes en inglés. Los términos fueron combinados mediante operadores booleanos AND y OR ("Class I malocclusion" OR "Angle Class I") AND (diagnosis OR treatment OR orthodontics) para optimizar la recuperación de la información.
Se incluyeron artículos originales, revisiones narrativas, revisiones sistemáticas, metaanálisis y documentos científicos publicados entre 2020 y 2025, en español o inglés, que abordaran aspectos relacionados con la epidemiología, etiología, diagnóstico, características clínicas, alternativas terapéuticas y estabilidad postratamiento de la maloclusión Clase I de Angle.
Se excluyeron publicaciones duplicadas, estudios sin acceso al texto completo, artículos con información insuficiente, documentos sin relación directa con la maloclusión Clase I y trabajos centrados exclusivamente en otras clases esqueletales o dentarias.
La búsqueda inicial permitió identificar 38 publicaciones potencialmente relevantes. Luego de la lectura del título, resumen y texto completo se seleccionaron 28 artículos que cumplían con los criterios de inclusión establecidos. La información obtenida fue organizada en categorías temáticas: epidemiología, etiología, características clínicas, diagnóstico, objetivos terapéuticos, manejo clínico, alternativas terapéuticas actuales y estabilidad postratamiento.
La selección de los estudios se realizó en tres etapas consecutivas. Inicialmente, se eliminaron las publicaciones duplicadas identificadas en las diferentes fuentes de búsqueda. Posteriormente, se efectuó una revisión de títulos y resúmenes para determinar su pertinencia con respecto al objetivo de la revisión. Finalmente, se llevó a cabo la lectura crítica del texto completo de los artículos potencialmente elegibles, verificando el cumplimiento de los criterios de inclusión y exclusión previamente establecidos. La información extraída de cada estudio fue sintetizada de manera narrativa y organizada según categorías temáticas relacionadas con la epidemiología, etiología, características clínicas, diagnóstico, planificación terapéutica, alternativas de tratamiento y estabilidad postratamiento, con el propósito de integrar la evidencia científica disponible y facilitar su análisis comparativo.
RESULTADOS
Tras la selección de las 28 publicaciones incluidas en esta revisión, la información fue organizada en ocho categorías temáticas: epidemiología, etiología, características clínicas, diagnóstico, objetivos terapéuticos, manejo clínico, alternativas terapéuticas actuales y estabilidad postratamiento. Los estudios incluidos mostraron que el apiñamiento dentario constituye la manifestación clínica más frecuente de la maloclusión Clase I, mientras que las estrategias terapéuticas actuales se orientan hacia tratamientos individualizados apoyados por herramientas digitales y dispositivos de anclaje temporal.
Epidemiología
Las maloclusiones constituyen una de las alteraciones más frecuentes del sistema estomatognático y representan una de las principales causas de consulta en ortodoncia. Dentro de ellas, la maloclusión Clase I de Angle presenta una elevada prevalencia a nivel mundial y se caracteriza por mantener una relación molar sagital considerada normal, aunque acompañada de diversas alteraciones dentarias, verticales, transversales y funcionales que pueden comprometer la estética y la función oclusal (1,3,10).
Diversos estudios han reportado que la Clase I es la maloclusión observada con mayor frecuencia en niños, adolescentes y adultos jóvenes. Entre sus manifestaciones clínicas más comunes se encuentran el apiñamiento dentario, las rotaciones, los diastemas, las discrepancias de espacio y las alteraciones de la relación vertical y transversal de las arcadas (1,3,10).
El impacto de esta maloclusión trasciende el ámbito estrictamente dentario, ya que puede afectar la salud periodontal, dificultar la higiene oral, alterar la función masticatoria y generar repercusiones estéticas y psicosociales que influyen negativamente en la percepción de la imagen corporal y la calidad de vida relacionada con la salud oral (2,4).
Etiología
La etiología de la maloclusión Clase I es multifactorial e involucra la interacción de factores genéticos, ambientales, funcionales y dentarios. Los factores genéticos participan en la determinación del tamaño dentario, la forma de los maxilares, el patrón de crecimiento craneofacial y la relación entre la masa dentaria y el perímetro de las arcadas (3,5).
El apiñamiento dentario, una de las manifestaciones más frecuentes de esta maloclusión, suele originarse por discrepancias entre el tamaño de los dientes y el espacio disponible en las arcadas. Asimismo, factores adquiridos como la pérdida prematura de dientes temporales, las restauraciones defectuosas, las alteraciones eruptivas y las migraciones dentarias pueden contribuir al desarrollo de discrepancias de espacio y alteraciones oclusales (2,3).
Los hábitos orales también desempeñan un papel relevante en la aparición y mantenimiento de determinadas alteraciones asociadas a la Clase I. La respiración bucal, la succión digital, la interposición lingual y la deglución atípica pueden modificar el equilibrio muscular, alterar el crecimiento de los maxilares y favorecer la aparición de mordida abierta anterior, protrusión dentaria o mordida cruzada posterior (4,5,13).
Características clínicas
La característica diagnóstica fundamental de la maloclusión Clase I de Angle es la presencia de una relación molar considerada normal; sin embargo, su expresión clínica es heterogénea y puede presentarse acompañada de diversas alteraciones dentarias, transversales, verticales y esqueletales (1).
Entre las alteraciones dentarias más frecuentes se encuentran el apiñamiento, los diastemas, las rotaciones, la erupción ectópica, los dientes retenidos y las discrepancias de tamaño dentario. En este contexto, el análisis de Bolton constituye una herramienta útil para identificar desproporciones entre las dimensiones mesiodistales de ambas arcadas que puedan comprometer el establecimiento de una oclusión funcional estable (6).
Las alteraciones transversales incluyen la mordida cruzada posterior unilateral o bilateral, la constricción maxilar y, con menor frecuencia, la mordida en tijera. Estas condiciones pueden ser de origen dentario, funcional o esquelético, por lo que requieren un diagnóstico diferencial adecuado antes de establecer el plan de tratamiento (7).
En el plano vertical, las alteraciones más frecuentes corresponden a la mordida abierta anterior y la sobremordida profunda. La mordida abierta suele asociarse a hábitos orales, alteraciones funcionales y patrones de crecimiento hiperdivergentes, mientras que la sobremordida profunda puede relacionarse con extrusión incisiva, una curva de Spee acentuada o patrones faciales hipodivergentes (8,16).
Con el propósito de sintetizar las principales manifestaciones clínicas asociadas a la maloclusión Clase I de Angle, en la Tabla 1 se presentan las alteraciones más frecuentes, sus características clínicas y las alternativas terapéuticas comúnmente utilizadas para su manejo.
Tabla 1. Manifestaciones clínicas más frecuentes de la maloclusión Clase I de Angle

Fuente: Elaboración propia basada en las referencias (1,2,4,6,7,8,19).
Diagnóstico ortodóncico de la Clase I
El diagnóstico de la maloclusión Clase I debe realizarse de manera integral, considerando los componentes dentarios, esqueletales, funcionales, periodontales y estéticos. La relación molar por sí sola resulta insuficiente para establecer un diagnóstico preciso y definir la estrategia terapéutica más adecuada (9,10).
El examen clínico extraoral permite evaluar la simetría facial, el perfil, la competencia labial, la exposición dentaria en reposo y sonrisa, así como las proporciones faciales verticales. El análisis de tejidos blandos adquiere especial relevancia cuando se considera la posibilidad de realizar retracción dentaria o extracciones terapéuticas (9).
Por su parte, el examen intraoral debe incluir la evaluación de las relaciones molares y caninas, el overjet, el overbite, las líneas medias, la forma de las arcadas, el estado periodontal. Además, se debe evaluar la presencia de hábitos orales y alteraciones funcionales asociadas (1,6).
Los estudios complementarios comprenden fotografías clínicas, modelos físicos o digitales, radiografía panorámica y telerradiografía lateral. El análisis cefalométrico permite determinar la relación entre los componentes dentarios y esqueletales, identificar compensaciones dentoalveolares y establecer objetivos terapéuticos individualizados (10).
Asimismo, el análisis de espacio y la evaluación de discrepancias de tamaño dentario mediante el análisis de Bolton constituyen herramientas fundamentales para determinar la necesidad de expansión, reducción interproximal, distalización o extracciones terapéuticas (6).
Con el propósito de sistematizar el proceso diagnóstico de la maloclusión Clase I de Angle, en la Figura 1 se presenta un algoritmo clínico que integra las etapas de evaluación anamnéstica, examen clínico, estudios complementarios y análisis de la información necesarios para establecer un diagnóstico preciso y fundamentar la planificación terapéutica.

Figura 1. Algoritmo de diagnóstico de la maloclusión Clase I de Angle
Fuente: Elaboración propia basada en las referencias (6,9,10,21,22).
Objetivos del tratamiento
El tratamiento de la maloclusión Clase I debe orientarse a restablecer el equilibrio funcional, estético y oclusal mediante una planificación individualizada basada en las características clínicas de cada paciente. Los objetivos terapéuticos incluyen la alineación y nivelación dentaria, la coordinación de las arcadas, la corrección de las discrepancias transversales y verticales, el establecimiento de relaciones oclusales funcionales y la preservación de la salud periodontal (1,6).
Asimismo, el tratamiento debe buscar la mejora de la estética facial y de la sonrisa, manteniendo una adecuada armonía entre los tejidos blandos y las estructuras dentoesqueletales. Finalmente, uno de los objetivos fundamentales consiste en alcanzar resultados estables a largo plazo mediante la corrección de los factores etiológicos y la implementación de protocolos adecuados de retención y seguimiento postratamiento (14).
La selección de la alternativa terapéutica más adecuada en pacientes con maloclusión Clase I requiere considerar múltiples factores relacionados con las características clínicas, funcionales y estéticas del paciente. En la Figura 2 se presenta un diagrama de apoyo para la toma de decisiones terapéuticas basado en las principales situaciones clínicas descritas en la literatura.

Figura 2. Diagrama para la toma de decisiones terapéuticas en la maloclusión Clase I de Angle.
Fuente: Elaboración propia basada en las referencias (9,10,12,13,14,15,21,22).
Manejo clínico de la Clase I según la alteración presente
Manejo clínico del apiñamiento dentario
El apiñamiento dentario constituye una de las manifestaciones clínicas más frecuentes de la maloclusión Clase I de Angle y puede clasificarse como leve, moderado o severo según la magnitud de la discrepancia dentoalveolar existente. Su manejo terapéutico depende de factores como la cantidad de espacio requerido, la forma de las arcadas, el perfil facial, el patrón de crecimiento, la salud periodontal y los objetivos estéticos del tratamiento (2,6).
En los casos de apiñamiento leve, las alternativas terapéuticas suelen incluir la expansión dentoalveolar controlada, la reducción interproximal del esmalte (stripping o IPR) y la alineación mediante aparatología fija o alineadores transparentes. Estas estrategias permiten obtener el espacio necesario para la correcta alineación dentaria sin recurrir a procedimientos más invasivos, siempre que las condiciones periodontales y esqueletales sean favorables (2,15).
Cuando el apiñamiento es moderado, generalmente se requiere la combinación de diferentes procedimientos para lograr una adecuada distribución del espacio. Entre las opciones terapéuticas se encuentran la expansión transversal, la distalización dentaria, la reducción interproximal y el control de la inclinación de los dientes anteriores. La selección de la mecánica más apropiada debe fundamentarse en un análisis diagnóstico integral y en la estabilidad esperada de los resultados obtenidos (2,15).
En presencia de apiñamiento severo, las extracciones terapéuticas continúan representando una alternativa válida para alcanzar una alineación adecuada, mejorar la función oclusal y preservar la estabilidad a largo plazo. Su indicación debe basarse en la evaluación de la discrepancia dentoalveolar, la posición de los incisivos, el perfil facial, la competencia labial y las características esqueletales del paciente (14,16).
Las extracciones suelen estar indicadas en pacientes con apiñamiento severo, protrusión dentoalveolar significativa, incompetencia labial o exceso de convexidad facial. Asimismo, pueden considerarse en individuos con patrón hiperdivergente y exceso vertical del tercio facial inferior, donde la retracción anterior puede contribuir favorablemente a la estética facial y al control vertical (12,13).
El manejo del apiñamiento dentario en la maloclusión Clase I puede abordarse mediante diversas estrategias terapéuticas dependiendo de la severidad de la discrepancia dentoalveolar y de las características individuales del paciente. En la Figura 3 se presenta un esquema que sintetiza las principales alternativas terapéuticas y sus objetivos clínicos.

Figura 3. Esquema del manejo terapéutico del apiñamiento dentario en la maloclusión Clase I de Angle.
Fuente: Elaboración propia basada en las referencias (2,6,12,15,19,20,21,22).
Por el contrario, las extracciones deben valorarse cuidadosamente en pacientes con perfil recto o retrusivo, retrusión dentoalveolar preexistente, sobremordida profunda marcada o limitaciones periodontales que puedan comprometer el movimiento dentario y el cierre de espacios (14,16).
Manejo de la Clase I con protrusión dentoalveolar
La protrusión dentoalveolar puede manifestarse mediante aumento del overjet, inclinación excesiva de los incisivos, biprotrusión o incompetencia labial. En estos casos, el tratamiento tiene como objetivo mejorar la relación dentaria y la armonía facial mediante la retracción controlada de los segmentos anteriores cuando esté indicada (14,15).
El éxito terapéutico depende en gran medida del control de anclaje. Tradicionalmente se han empleado dispositivos como arcos transpalatinos, botones de Nance y mecánicas de cierre diferenciadas. Sin embargo, los dispositivos de anclaje temporal han ampliado significativamente las posibilidades biomecánicas, permitiendo una retracción dentaria más eficiente y reduciendo los efectos secundarios indeseados sobre los dientes posteriores (14,15).
Manejo de la Clase I con mordida profunda
La sobremordida profunda constituye una alteración vertical frecuente en pacientes con maloclusión Clase I. Su etiología puede relacionarse con extrusión de los incisivos, curva de Spee acentuada, infraerupción posterior o patrones faciales hipodivergentes (8).
El tratamiento debe orientarse a corregir la causa predominante de la alteración. Entre las alternativas terapéuticas disponibles se incluyen la intrusión de incisivos, la extrusión controlada de dientes posteriores, la nivelación de la curva de Spee y la vestibularización controlada de los dientes anteriores cuando esté indicada. En determinados casos, alineadores transparentes, sistemas de anclaje esquelético y herramientas digitales han demostrado resultados favorables en el control vertical y la corrección de la sobremordida profunda (15,16).
Manejo de la Clase I con mordida abierta
La mordida abierta anterior puede presentar origen dentario, funcional o esquelético, por lo que su diagnóstico requiere una evaluación integral de los hábitos orales, la postura lingual, el patrón respiratorio, la dimensión vertical facial y la relación dentoalveolar (4,8).
El abordaje terapéutico debe iniciar con la identificación y eliminación de los factores etiológicos asociados. En pacientes con hábitos de succión digital o interposición lingual pueden emplearse terapias miofuncionales, educación funcional, rejillas linguales y otros dispositivos interceptivos destinados a corregir la alteración funcional subyacente (4,5).
En casos más complejos, particularmente aquellos asociados a patrones hiperdivergentes y discrepancias esqueletales significativas, puede ser necesario recurrir a técnicas de intrusión molar y al control vertical mediante dispositivos de anclaje temporal (miniimplantes). Asimismo, en pacientes adultos con alteraciones esqueletales severas, el tratamiento ortodóncico puede requerir la combinación con procedimientos quirúrgicos para lograr resultados funcionales y estéticos estables (8,18).
Manejo de la Clase I con mordida cruzada
La mordida cruzada constituye una alteración transversal que puede presentarse en los sectores anterior o posterior de la dentición. El diagnóstico diferencial entre origen dentario, funcional y esquelético resulta fundamental para establecer una planificación terapéutica adecuada (7).
La mordida cruzada anterior de origen dentario suele corregirse mediante aparatología fija, alineadores transparentes o dispositivos removibles, siempre que exista una adecuada relación esqueletal entre los maxilares. Por otro lado, la mordida cruzada posterior asociada a constricción maxilar frecuentemente requiere procedimientos de expansión transversal (7,19).
En pacientes en crecimiento, la expansión rápida maxilar mediante aparatos tipo Hyrax o Haas continúa siendo una de las alternativas terapéuticas más utilizadas para la corrección de discrepancias transversales esqueletales. En pacientes adultos, la elección del tratamiento dependerá de la magnitud de la constricción maxilar y podrá incluir expansión dentoalveolar en casos leves, expansión rápida maxilar asistida por miniimplantes (MARPE) o procedimientos quirúrgicos complementarios, como la expansión rápida maxilar quirúrgicamente asistida, cuando la discrepancia transversal sea severa (19,20).
Alternativas terapéuticas actuales
Durante las últimas décadas, la ortodoncia ha experimentado una transformación importante gracias a la incorporación de nuevas tecnologías que han modificado tanto el diagnóstico como la forma de abordar las distintas maloclusiones. La tendencia actual se orienta hacia tratamientos más precisos, personalizados y estéticos, donde la planificación digital y los sistemas de anclaje avanzado desempeñan un papel cada vez más relevante. En este contexto, los alineadores transparentes, los microtornillos de anclaje temporal y la ortodoncia digital constituyen algunas de las alternativas terapéuticas más representativas de la práctica ortodóncica contemporánea (21,22).
Los alineadores transparentes han ganado una notable aceptación tanto por parte de los pacientes como de los profesionales debido a las ventajas estéticas que ofrecen frente a la aparatología fija convencional (21,23,26). El sistema Invisalign® , uno de los más difundidos a nivel mundial, utiliza una secuencia de alineadores confeccionados mediante tecnología digital CAD/CAM que permiten generar movimientos dentarios progresivos de manera controlada (21). Diversas revisiones sistemáticas recientes han demostrado que los alineadores transparentes pueden generar resultados clínicos satisfactorios en casos leves y moderados, especialmente cuando existe una adecuada selección del caso y una planificación digital precisa (20,21,26). Asimismo, ofrecen ventajas estéticas y mayores niveles de aceptación por parte de pacientes adultos preocupados por la apariencia de la aparatología ortodóncica convencional.
Desde el punto de vista clínico, una de las principales ventajas de los alineadores transparentes es la posibilidad de retirarlos durante la alimentación y la higiene oral, lo que favorece el mantenimiento de la salud periodontal a lo largo del tratamiento. Sin embargo, su utilización también presenta ciertas limitaciones. Aunque los avances tecnológicos han mejorado significativamente su eficacia, algunos movimientos dentarios continúan mostrando una predictibilidad menor o más variable que la obtenida con aparatología fija, especialmente cuando se requieren movimientos radiculares complejos, corrección de discrepancias importantes o un control tridimensional preciso de las piezas dentarias. Por ello, la adecuada selección del caso, la planificación biomecánica y la experiencia clínica del ortodoncista siguen siendo factores determinantes para el éxito terapéutico (20,21,22,26).
Otra de las innovaciones que ha modificado significativamente la biomecánica ortodóncica es la incorporación de microtornillos como dispositivos de anclaje temporal. Estos elementos permiten obtener un anclaje esquelético estable sin depender de la colaboración del paciente ni de otras unidades dentarias, ampliando considerablemente las posibilidades de tratamiento (14,15). Gracias a ellos es posible realizar movimientos que anteriormente requerían mecánicas complejas o incluso abordajes quirúrgicos complementarios.
La evidencia disponible señala que la estabilidad de los microtornillos depende principalmente de factores relacionados con su diseño, especialmente el diámetro y la longitud. Los dispositivos de mayores dimensiones presentan mejores índices de éxito clínico debido a una mayor estabilidad primaria en el hueso. En contraste, variables como el material de fabricación o el método de inserción parecen tener una influencia menos significativa sobre el pronóstico clínico (15,22). Su utilización ha permitido optimizar procedimientos como la retracción en masa de sectores anteriores, la intrusión molar y el control vertical en pacientes con patrones de crecimiento desfavorables.
Paralelamente, la digitalización de los procedimientos ortodóncicos ha dado origen a una nueva forma de planificar y ejecutar los tratamientos. La ortodoncia digital integra herramientas como el escaneo intraoral, los modelos tridimensionales, la fotografía digital y los programas de planificación virtual, permitiendo una evaluación más completa de cada caso antes de iniciar cualquier intervención clínica, así como una mejor comunicación con el paciente (24).
Una de las principales ventajas de estos sistemas es la posibilidad de visualizar virtualmente los resultados esperados y anticipar los movimientos dentarios necesarios para alcanzarlos. Esto no solo mejora la precisión diagnóstica, sino que también facilita la comunicación con el paciente y favorece la toma de decisiones clínicas fundamentadas (24). Además, la planificación digital ha sido fundamental para el desarrollo de dispositivos personalizados, entre ellos los alineadores transparentes, cuya fabricación depende directamente de la integración de registros digitales y sistemas CAD/CAM (21,24).
Desde una perspectiva clínica, la combinación de ortodoncia digital, alineadores transparentes y sistemas de anclaje esquelético refleja la evolución de la especialidad hacia tratamientos cada vez más individualizados. Estas herramientas no deben considerarse alternativas excluyentes, sino recursos complementarios que, utilizados de manera adecuada, permiten optimizar la eficiencia biomecánica, mejorar la experiencia del paciente y aumentar la predictibilidad de los resultados terapéuticos (21,22,24).
Con el fin de resumir las principales estrategias terapéuticas empleadas en el tratamiento de la maloclusión Clase I, la Tabla 2 presenta las alternativas de manejo recomendadas según la situación clínica, así como algunas consideraciones relevantes para la toma de decisiones terapéuticas.
Tabla 2. Alternativas terapéuticas para el manejo de la maloclusión Clase I

Fuente: Elaboración propia basada en las referencias (12,13,14,15,18,19,20,21,22,24,26)
Retención y estabilidad
Dentro del tratamiento ortodóntico, la retención constituye una fase indispensable, ya que después de la finalización de los movimientos dentarios existe una tendencia natural a la recidiva. La solidez de los resultados obtenidos depende de múltiples factores, entre ellos la corrección de la causa etiológica de la maloclusión, la calidad del resultado final, el patrón de crecimiento del paciente, la función muscular y el cumplimiento de las indicaciones postratamiento (24,25).
Los pacientes que presentan un mayor riesgo de recidiva son aquellos tratados por apiñamiento dentario, rotaciones severas, diastemas, expansión transversal o mordida abierta, por lo cual se requieren protocolos de retención individualizados y seguimiento clínico periódico (24).
Los retenedores removibles siguen siendo una de las opciones más utilizadas durante la fase de retención debido a su versatilidad y a la facilidad con la que pueden adaptarse a las necesidades de cada paciente. Entre los más empleados se encuentran los retenedores tipo Hawley y los retenedores termoplásticos transparentes, ambos capaces de mantener adecuadamente la posición dentaria alcanzada al finalizar el tratamiento. No obstante, su efectividad está estrechamente relacionada con el cumplimiento de las indicaciones por parte del paciente, ya que el uso irregular puede favorecer la aparición de movimientos dentarios no deseados (24,26).
Por otra parte, los retenedores fijos suelen indicarse en aquellos casos con mayor tendencia a la recidiva, especialmente en el sector anteroinferior, donde los cambios postratamiento son más frecuentes. Su principal ventaja es que proporcionan una retención constante, independientemente de la colaboración del paciente. No obstante, requieren revisiones periódicas para evaluar su estado, asegurar su correcto funcionamiento y reforzar las medidas de higiene oral con el fin de prevenir alteraciones periodontales (24,25).
La estabilidad de los resultados ortodóncicos a largo plazo no depende únicamente del retenedor seleccionado. También intervienen factores como la corrección de las causas que originaron la maloclusión, la estabilidad funcional obtenida al finalizar el tratamiento y la salud de los tejidos de soporte. En consecuencia, el seguimiento clínico constituye una parte esencial del tratamiento, ya que permite monitorear la evolución del paciente, detectar oportunamente signos de recidiva y aplicar las medidas necesarias para garantizar la estabilidad de los resultados en el tiempo (24,25).
DISCUSIÓN
La presente revisión narrativa permitió analizar la evidencia disponible sobre la maloclusión Clase I de Angle, una condición que frecuentemente se considera menos compleja debido a la presencia de una relación molar normal. Sin embargo, Ruf et al. señalaron que esta maloclusión puede presentarse acompañada de alteraciones dentarias, verticales, transversales y funcionales que incrementan su complejidad diagnóstica y terapéutica (1).
Entre las manifestaciones clínicas más frecuentes, Guadarrama et al. identificaron el apiñamiento dentario como uno de los principales motivos de consulta ortodóncica en pacientes con Clase I (2). Asimismo, De Ridder et al. reportaron una elevada prevalencia de las maloclusiones en niños y adolescentes, mientras que diferentes investigadores han descrito que su desarrollo responde a la interacción de factores genéticos, discrepancias dentoalveolares y alteraciones funcionales (3–5). Estos hallazgos refuerzan la necesidad de realizar una evaluación individualizada antes de establecer cualquier plan de tratamiento.
La etiología multifactorial de esta maloclusión también ha sido ampliamente documentada. García et al. y Carrasco et al. describieron la influencia de hábitos orales como la respiración bucal, la interposición lingual y la succión digital en la aparición o agravamiento de alteraciones asociadas, especialmente mordida abierta anterior y protrusión dentaria (4,5). Por ello, el tratamiento ortodóncico debe orientarse no solo a corregir la posición dentaria, sino también a controlar los factores etiológicos involucrados.
En relación con el diagnóstico, Alsawaf et al. y Santana et al. coinciden en que la clasificación de Angle resulta insuficiente cuando se utiliza de forma aislada (7,8). Por su parte, Alam et al. destacaron la utilidad de los análisis de discrepancia dentaria y de las herramientas diagnósticas complementarias para la planificación ortodóncica, mientras que Simon et al. resaltaron la importancia de la evaluación de los tejidos blandos en la planificación del tratamiento (6,9).
Respecto al tratamiento, los estudios analizados muestran que no existe una única alternativa terapéutica aplicable a todos los pacientes con Clase I. Mientras algunos casos pueden resolverse mediante expansión dentoalveolar, reducción interproximal o alineación convencional, otros requieren distalización, control reforzado del anclaje o extracciones terapéuticas. En este sentido, Benson et al. destacaron que las extracciones continúan siendo una opción válida cuando existe una discrepancia dentoalveolar significativa y los objetivos estéticos y funcionales así lo justifican (13).
Los avances tecnológicos también han ampliado las posibilidades terapéuticas. AlMogbel et al. y Robertson et al. reportaron la eficacia de los alineadores transparentes en casos adecuadamente seleccionados, destacando mejores resultados en maloclusiones leves y moderadas cuando existe una adecuada planificación digital y control biomecánico (20,26), mientras que Ritchie et al. resaltaron la utilidad de los miniimplantes para mejorar el control biomecánico y del anclaje (15). Asimismo, Apresyan et al. señalaron que la planificación digital ha incrementado la precisión diagnóstica y la predictibilidad de los tratamientos (24). No obstante, estas herramientas deben considerarse complementarias y no sustitutas del diagnóstico clínico integral.
Finalmente, la estabilidad postratamiento continúa siendo uno de los principales desafíos de la ortodoncia. Apresyan et al. señalaron que la recidiva puede presentarse incluso en tratamientos exitosos cuando persisten factores etiológicos o no se cumplen adecuadamente los protocolos de retención (24). De igual manera, Carneiro et al. destacaron la importancia del seguimiento clínico y de la salud periodontal para favorecer la estabilidad a largo plazo (25,26). Por ello, la retención debe considerarse una fase esencial del tratamiento ortodóncico y no una etapa secundaria.
A pesar de los avances observados en el diagnóstico y tratamiento de la maloclusión Clase I, parte de la evidencia científica disponible presenta heterogeneidad metodológica, variabilidad en los protocolos terapéuticos evaluados y períodos de seguimiento limitados, lo que dificulta la comparación directa entre estudios y la extrapolación de algunos resultados a diferentes poblaciones. En consecuencia, futuras investigaciones deberían orientarse al desarrollo de estudios prospectivos con seguimientos a largo plazo que permitan evaluar con mayor precisión la estabilidad de los tratamientos y la efectividad de las nuevas alternativas terapéuticas.
Asimismo, la inteligencia artificial representa una de las áreas con mayor potencial de desarrollo dentro de la ortodoncia contemporánea. Las herramientas basadas en aprendizaje automático y redes neuronales han demostrado utilidad en la identificación automatizada de puntos cefalométricos, el análisis de imágenes tridimensionales, la predicción de movimientos dentarios, la determinación de necesidades de extracción y la planificación individualizada del tratamiento ortodóncico. Del mismo modo, los sistemas de monitoreo remoto y teleortodoncia podrían contribuir a optimizar el seguimiento clínico y mejorar la experiencia del paciente. No obstante, persisten desafíos relacionados con la validación clínica de los algoritmos, la estandarización de las metodologías, la protección de datos y las implicaciones éticas derivadas de su implementación, por lo que se requieren investigaciones adicionales antes de su incorporación rutinaria en la práctica clínica diaria (27,28).
En conjunto, los hallazgos de esta revisión evidencian que la maloclusión Clase I debe ser abordada desde una perspectiva multidimensional, donde el diagnóstico integral, la individualización terapéutica y la incorporación racional de tecnologías emergentes permitan optimizar la predictibilidad y estabilidad de los resultados clínicos.
CONCLUSIONES
La maloclusión Clase I de Angle constituye una de las alteraciones más frecuentes en la práctica ortodóncica y presenta una gran variabilidad clínica debido a la interacción de factores genéticos, dentarios, funcionales y ambientales. Aunque se caracteriza por una relación molar considerada normal, puede asociarse a diversas alteraciones que incrementan su complejidad diagnóstica y terapéutica.
El diagnóstico debe realizarse desde una perspectiva integral, considerando los componentes dentarios, esqueletales, funcionales, periodontales y faciales. Esta evaluación permite establecer objetivos terapéuticos individualizados y seleccionar la alternativa de tratamiento más adecuada según las necesidades de cada paciente.
La planificación terapéutica debe basarse en factores como la discrepancia dentoalveolar, el perfil facial, la función oclusal y las expectativas estéticas. Asimismo, los avances en ortodoncia digital, alineadores transparentes y dispositivos de anclaje temporal han ampliado las opciones de tratamiento, favoreciendo abordajes más precisos y predecibles.
Finalmente, la estabilidad de los resultados depende del control de los factores etiológicos, la correcta aplicación de protocolos de retención y un adecuado seguimiento postratamiento. La planificación individualizada continúa siendo esencial para garantizar resultados funcionales, estéticos y estables a largo plazo.
LIMITACIONES
La principal limitación de esta revisión radica en su naturaleza narrativa, lo que implica la ausencia de una evaluación formal del riesgo de sesgo y de una síntesis cuantitativa de los resultados. Asimismo, la heterogeneidad metodológica de los estudios incluidos dificulta la comparación directa entre los hallazgos reportados. La estrategia de búsqueda se limitó a artículos publicados en inglés y español, lo que podría haber excluido evidencia potencialmente relevante disponible en otros idiomas. Finalmente, la ausencia de un protocolo previamente registrado puede incrementar el riesgo de sesgo de selección.
DECLARACIÓN ÉTICA
Por tratarse de una revisión narrativa de la literatura basada exclusivamente en fuentes documentales previamente publicadas, este estudio no requirió aprobación por parte de un comité de ética ni la obtención de consentimiento informado.
CONFLICTO DE INTERESES
Los autores declaran no presentar conflictos de interés relacionados con esta investigación.
FINANCIAMIENTO
Los autores declaran que la presente investigación no recibió financiamiento externo.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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